Una nube densa y ploma cubría la cuenca. Atrás quedaba la altura del Aconcagua, límpida. Me dio un pavor retroactivo ¿tantos años respiré esto? La casa de la Boca, tan vilipendiada por estar cerca de una villa en el puerto, me pareció un paraíso y la vista, mejor dicho, la no vista de Santiago desde los aires, reafirmó mi deseo de comprar esa propiedad.
Sin embargo, los miedos no me dejan del todo, miedos estúpidos como la seguridad del barrio. Muy pronto me pasó que un amigo celebraba su cumpleaños en un departamento de Providencia y no quise ir, aparte de cansada por la mudanza, el año pasado allí, en esa comuna linda, limpia, cuidada, arborizada, me asaltaron. Por supuesto, el hecho de que una vez me hayan asaltado en la noche no significa que me tenga que volver a pasar. Sin embargo, me prueba en carne propia, más allá de las estadísticas y los estigmas sociales, que un atraco como ésos puede pasar en cualquier lugar, como cuando a los chicos les afanan los celulares en el barrio de Palermo. Ha surgido un tema que, si varias personas no hubiesen mencionado, no habría desatado esta discusión ideológica que muchas veces raya en el autoconvencimiento. De todas maneras, si hay algo que no me detiene, es el miedo. Por otro lado, tengo otra gente que ha vivido en puertos o mismo en este barrio Brasil que no sé qué tiene que envidiarle a la Boca.
La primera impresión de la casa de la calle Riquelme fue la de una tarea apoteósica, a pesar de que mi madre ya había avanzado bastante. Cómo voy a hacer esto sola, pensé, es mucho, es infinito, dónde voy a meter todo esto. Sin embargo, se avanza.
¿No te da pena? me han preguntado. No. Ya no. La ilusión de negociar y comprar la casa de la Boca me distrae. Claudia casi se pone a llorar cuando fuimos a ver la casa alta, donde vivió ella cuando recién se separó del marido. Yo lloraría ahora por otras razones, aunque quizás vinculadas a la casa de alguna manera. Tengo motivos para llorar por otros vacíos que okupan mi vida.
Mientras, Santiago no ha dejado de ser una ciudad gris y triste. Mi cariño por ella se desvanece.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario