Estaba en una suerte de campo, bajo un árbol, con mi pareja, dispuestos a hacer el amor. Era el crepúsculo. Durante el día había caminado por el campo y había descubierto que los gansos que paseaban por el lugar tenían varios nidos con huevos, uno huevos grandes y muy blancos. Alguien del lugar me contaba que cuando nacían los polluelos y recorrían el campo rumbo al estanque de agua, las gentes del lugar, hombres principalmente, iban a matar a los gansos adultos con sus escopetas, a cazar, la temporada de caza. Horrorizada con la costumbre, le preguntaba si acaso los polluelos sobrevivían. Me decía que algunos, aunque la mayoría moría, pero como podía ver yo misma, seguía habiendo gansos. Sí, yo los estaba viendo. No entendía cómo podían seguir existiendo estas aves en el lugar si todos los años había una masacre de ellas. Eso había sido durante el día. Ahora anochecía y estaba semi desnuda a punto de hacer el amor con mi pareja. Estaba excitada y tenía muchos deseos. Ahora recuerdo que entre la escena de los gansos y la hora del anochecer bajo el árbol, él me había ido a buscar a una facultad. Yo estaba estudiando en un aula junto a varios compañeros y compañeras. Leíamos un libro cuyo título era un nombre femenino, aunque no era Madame Bovary. Desde la facultad habíamos regresado al campo. En el momento es que mi pareja estaba por penetrarme, se separa de mi y me empuja con rabia y asco. No voy a hacer el amor contigo porque estás pensando en otro hombre, me decía. Yo no lograba comprender lo que había sucedido, pero me daba cuenta de que era inútil rebatir su idea. Me empezaba vestir para irme, pero él me decía que no podía, que si no hacía el amor con él pensando en él, no lo haría con nadie más. Estaba encerrada porque ¿cómo podría él alguna vez saber lo que yo pensaba? Si se le había metido la idea en la cabeza no habría forma, con datos objetivos, de convencerlo de lo contrario. Me detuvo con fuerza del brazo, enterrándome sus dedos fuertes. A continuación, la cosas empeoraban, de pronto era prisionera de él y su familia. Tenía una madre que se encargaría de castigarme por mis pensamientos. Además, tenía un hermano con una mujer extranjera que no era castigada y yo no entendía cómo ella se las arreglaba para mantener contento a su marido, como de verdad no entiendo cómo los matrimonios pueden ser de tan largo aliento. De todas maneras, se veía que ella estaba de mi lado, pero no podía hacer mucho; al menos, tenía la libertad de salir del campo. A mi me encerraban en una suerte de jaula gigante, o galpón mejor dicho. Antes de que ella se fuera, yo le pasaba mi celular, que me lo iban a requisar y le decía que por favor tratara de comunicarse con la biblioteca con el señor al que le dicen "el negro" para avisarle que le llevaría el libro después de lo previsto. El negro era en realidad un amigo al que yo creía que podía pedir ayuda para que me fuera a rescatar. Ella me dio señales de que había entendido la estrategia y se fue. Más tarde la vi partir en su bicicleta por la alameda que se dirigía a la salida. Se alejaba y yo me quedaba con la esperanza de que me vinieran a buscar. Mientras, la madre de mi pareja o esposo o lo que ya fuera, que es mi pareja en la realidad, me había amenazado con colgarme de los pies si no... si no no sé qué... no sabía lo que esperaban de mi, más allá de que pensara en mi esposo cuando hacía el amor con él. Sin embargo, tuve la sensación de que ya otra mujer había muerto colgada de esa manera.
Sigue, pero es muy largo, puedo decir que hacia el final del sueño, había logrado salir del galpón o granero junto con la chica extranjera que, aparentemente, también tenía intenciones de escapar y llegábamos a una suerte de puente que cruzaba un río, pero el puente, contruido de tablones de madera, se estaba desarmando y daba la impresión de que más que cruzarlo había que escalarlo por sus maderas podridas y astilladas. Yo seguía esperando que el negro llegara con el jeep, pero me daba cuenta de que ese puente y ese paisaje en general solo era posible atravesarlo a caballo, por lo que con la chica decidíamos robarnos los caballos de las carretas de unos trabajadores que no lográbamos saber si sabían algo de lo que sucedía en este lugar, si estaban de nuestro lado o eran cómplices de la familia.
Nunca en el sueño logré llegar a la salida.
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