Hoy soy yo la que no puede dormir. Pasan los minutos eternos por mi cámara oscura. No pasan. Me levanté sin saber qué rumbo tomar por el departamento. Me senté con el diario de vida frente a mi, buscando una suerte de liberación. Solo el escribir me puede liberar, pensé; sin embargo, también puede ser una condena. Escribir en clave. Sí, metáforas y símbolos, pero escribir, escribir, aunque ni yo misma después pueda comprender lo que quise decir. No es raro, sabes, escribir, leer, olvidar y no comprender. Quisiera ser transparente con mis culpas, mis tormentos, mis suciedades, como si el diario fuera el confesor. No puedo exponerme a la condena de los demás. No, ya estoy condenada y no quiero más. Música. Silencio. Palabras. Soledad. No quiero mirarte a la cara, Aurora. Me da vergüenza. Deja pasar el tiempo. Ándate a tu pequeño jardín porteño y perfecto. Vive y llora allá. Y ríe. Déjame sola acá. No te necesito. O te necesito lejos. Vete luego, por favor.
lunes, 11 de enero de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario