Caminé por el paseo Ahumada buscando la dirección que me diste. No soy poeta, pensé. ¿Por qué tengo que tratar de serlo?, pensé. Pensé. Me gusta la primavera en Santiago, como siempre, caminar por el Parque Forestal y sentir la brisa con olor a mierda del río. Tampoco es tan malo para una ciudad. Allá ¿acaso el Río de la Plata huele mejor? Si acaso un día no se mueren todos con los químicos de la papelera Botnia, pero es grande, navegable y tiene palabras de poema. En cambio, acá, Mapocho, el parque bordeándolo, se ve su brillo desde el cerro, hilito de oro, entonces, que corta apenas la ciudad. Eso nos hace recordar el famoso dicho no todo lo que brilla es oro, desde el cerro brilla dorado, pero es mierda, sí, por acá dice uno de los candidatos que el río se hará navegable, pero ¡si la anchura no da!
En estas divagaciones por el paseo atochado encontré la dirección de tu abogado. Ya le pagué al verdugo de tu ex. Pobre. Si no supiera lo que te hizo, no te perdonaría este afán por arreglarlo todo ahora, que se lo merece, se lo merece, pero da un poco de lástima ¿no? El abogado me dijo que una era muy compasiva, vaya, la ley es la ley, las obligaciones las obligaciones, no hay emoción que justifique el incumplimiento de una responsabilidad tan evidente. De todas maneras, me pareció que no le gusta nada tu ex. Suerte que no te conoce, yo nada más soy el pálido reflejo de tu hermosura. Ahora, igual, otras dicen que eres buena. Yo no sé. Me gusta mirarte desnuda y punto, aunque ya no tengas la piel de los 25 ¿qué importa, Aurora? Ni la de los 33 ¿qué importa, Aurora?
Voy un momento al parque. El viento es amigo hoy. Total, todos los días alguien se muere, alguien sufre, alguien paga sus pecados, alguien te lee en la distancia.
jueves, 3 de diciembre de 2009
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