sábado, 21 de noviembre de 2009
La ventana
Hoy me desperté a las cinco de la mañana. La luz apenas se reflejaba en los muros blancos que veo desde mi ventana. Al despertarme, frente a mi, lo primero que veo es el ventanal que da al patio de baldosas blancas. Y las plantas contra la pared. En esas mañanas, tan madrugada, pienso en ti, que te gustaría estar aquí, despertarte tú frente a este ventanal silencioso, apenas iluminado y quedarte recostada en la cama, pensando en el próximo ensayo o, tal vez, tomando tu té con limón, plácida y solitaria. Pero no estás. A eso de las ocho me levanté. Le di de comer a los peces y me hundí en la pecera por unos minutos. Blup, blup, blup. Tomé un té con unas galletas de agua, regué el cactus de Germano y salí a la sequedad de la ciudad. Espero que tu ventana, de allá, tenga otras historias, esas que yo no puedo ver, ni oir, ni oler. Ahora, me duermo, esperando despertar otra vez frente a mi ventana.
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