lunes, 15 de febrero de 2010

Herida

La herida del brazo se ha transformado en un fetiche fascinante, Milena. El primer día, después de que la puerta hija de puta de mi (adjetivo que indica solo posesión virtual) casa me respondiera con su garra de vidrio filosa, lo que podías ver era una suerte de vagina de unos cuatro centímetros de largo por uno o dos de profundidad pariendo una cabeza de coágulo que pujaba por salir. Era muy desagradable y casi me desmayo cuando curé la herida. Además, no dejaba de pensar que ese mismo corte algunos centímetros más abajo, habría, sin duda, cortado una arteria y no tendría la posibilidad de escribirte ahora porque mi compañero tampoco notó nada hasta el día siguiente, por lo que habría muerto sin pena ni gloria en el cuartucho del jardín. Así que los dos primeros días soporté los vahidos cuando la desinfectaba y la presionaba para que, lo que fuera que luchaba por salir, no saliera del brazo. Tampoco ya era tiempo de ir al hospital. Probablemente unos cuántos puntos habrían acelerado la cicatrización y, de hecho, disminuido la marca que quedará como registro. En fin, el proceso, de todos modos, ha sido increíble. No deja de sorprenderme la capacidad de recuperación que tiene el cuerpo. Pensé que con semejante tajo, la herida no cerraría nunca, o bien, que los pliegues de piel quedarían separados por un trozo arrugado. Después de dos semanas no ha sido así. Si la hubieras visto también te sorprendería, los costados cortados, que habían quedado separados por esa cabeza de coágulo, se han ido acercando cada día, como si luchara la piel por juntarse allí donde fue separada. Aunque ya está más seca, exhuda un líquido, que según lo que leído debe de ser colágeno con sangre. Me parece que esto hace que la herida se reduzca cada vez más al mismo tiempo que seca, es decir como si botara todo lo que sobra adentro de la herida que separaba las dos paredes. Sí, claro, no es muy lindo de ver, pero es fascinante y no dejo de contemplarla y sorprenderme de que por sí sola, ayudada nada más que con el gel de una planta de aloe vera, se cure tan bien que hasta dudo, ahora, que quede una cicatriz muy grande, como lo temí el primer día.

No hay comentarios:

Publicar un comentario