domingo, 6 de mayo de 2012

Sueño la casa de mi abuela, otra vez

Entre la puerta de madera y la mampara había acurrucada una niña. Vestía pobremente un día helado de Santiago. Muy helado.

¿Qué te pasa? ¿dónde están tus padres? ¿estás perdida?

Ya se hacía de noche y la hice entrar.

Mi madre tenía que ir a buscar a Paz, mi hija de 8 años, a lo de mi tía Albina, cuando todavía tenía una pensión de estudiantes universitarias en el centro; es decir, cuando mi tía estaba viva, sana y lúcida.

Mientras, llevé a la chica al baño, el gran baño de la casa de mi abuela. Llené la tina de agua caliente y la bañé. Era una niña encantadora. Jugó en el agua caliente y después le día a elegir un pijama de algodón de Paz. Estaba encantada. Encantada y calentita. Luego tomó leche tibia con miel.

En el cuarto de mi abuela, donde yo dormía de pequeña, en la cama de Rubén, acosté a la niña. Ella me pidió que la acompañara. Me acurruqué a su lado haciendo cucharita. Se sentía bien. Yo me sentía bien. Ella se sentía bien. Debajo del plumón en contacto con el pijama suave. Nos dormimos abrazadas.

En medio de la noche me desperté. ¿Habrá llegado Paz?

Mi abuela dormía en su cama, al lado mío. Había un bulto en el diván. Me acerqué y le toque suavemente el cuello. Era Paz. Lo sabía por el pequeño lunar que le sobresale. Después me dirigí al dormitorio de mi madre, que estaba donde siempre estuvo, y también  dormía.

Había tranquilidad.

Todo parecía estar en orden.

Me volví a dormir junto a la pequeña.

La niña sonreía a la mañana siguiente. Estaba mi madre, mía abuela y Paz.

¿Dónde vives? No sé ¿a qué escuela vas? no sé ¿cómo llegaste hasta acá? no sé ¿sabés que micro tomás para ir de tu casa a la escuela? no tengo casa... pero ¿vas a la escuela? sí ¿cómo es? no sé

Mi madre era partidaria de avisar a los carabineros, podría ser que los padres estuvieran desesperados buscándola, pero mía abuela y yo éramos de la idea que no sacaríamos ningún beneficio avisando a la policía, que quizás los padres ni siquiera la estuvieran buscando y que terminaría en un hogar para niños de la calle, que estaría mucho mejor con nosotras mientras buscábamos a los padres, pero mi madre insistía en avisar a la policía. No importaba, se sabía que la decisión final la tomaría mi abuela y mi abuela estaba de mi parte.

La niña parecía feliz con la decisión. Me sonreía y abrazaba. Yo la protegería.

                                                                         ***

Esta mañana conté el sueño durante el desayuno y me di cuenta que esa niña era yo.

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