lunes, 8 de noviembre de 2010

Verte partir

Verte partir, aunque no sea desde el andén de la estación, me ha producido cierta opresión en el pecho que sólo se puede definir como eso: opresión en el pecho, como si me hundiera muchos metros bajo el agua y me agobiara el peso de ella, llevándome a un estado, acaso un lugar, desconocido e indefinible. Flotando en ese lugar que me oprime, me doy cuenta de que dejas un vacío en mi sustancia (si yo fuera agua, quizás sería una gran y molesta burbuja de aire, si yo fuera el espacio, quizás fuera un agujero negro, si yo fuera una persona probablemente un coágulo en el corazón).

Son las circunstancias de la vida, ya lo sé ¿cómo no lo voy a saber a estas alturas? Todo tiene que terminar para que empiecen otras cosas (vidas, experiencias, trabajos, ilusiones). ¿Te acordás cuando hablábamos del tiempo? ¿que las categorías europeas no se pueden aplicar nuestras literaturas, a nuestras vidas? Por que sí, el tiempo no es lineal, aunque ahora te vayas y pareciera que todo, o una parte de nuestro todo por acá, se acaba. Somos el río que corre, parte de él, pero los cursos se separan, aunque sigamos siendo la misma sustancia (o felizmente, a pesar de todo, seguimos siendo la misma sustancia).

Anoche no podía recordar cuántas veces tomamos el 55 juntas rumbo a la facultad. Claro, no las fui contanto y tampoco ahora es importante. Fueron tantas que se convirtió en una rutina, en una sola gran acción que ocupaba parte importante de mi vida. Y cuando dejaste de ir a la facultad, fueron los café en tu casa o la mía, la rutina de caminar esas dos cuadras que apenas nos separaban, muchas conversaciones de trabajo o de problemas o de reflexiones.

De alguna manera vos, que sos la más joven, me daba una seguridad para enfrentar el 55, la facultad, los estudios y hasta las fiestas, solo porque estuvieras allí, aunque no habláramos, aunque conversaras con otras personas, aunque pareciera que yo estaba ausente.

Y ahora te veo partir. Lloro, pero no lloro porque quiera que las cosas cambien. De alguna manera me parecen que fueron perfectas así como fueron. Lloro porque cuando uno cambia de etapa o de ciclo tiene derecho a llorar por lo queda atrás y por el miedo, si te da miedo, de lo que viene adelante. Al final, la vida es una gran incertidumbre y muy pocas personas, con su sola presencia, te pueden hacer sentir mejor y más segura. No tiene que ser la persona que te acompañe el resto de la vida, ni un amor, ni una pasión, si no una amiga, una amiga.

1 comentario:

  1. Y yo lloro y leo, o leo y lloro, o mejor, paro de leer cuando las lágrimas ya son tantas, que la pantalla se vuelve una cosa borrosa.
    Mientras te extraño, esta ciudad llora por mí. Esta ciudad que econtré hecha un aguacero, pero tan verde y hermosa como siempre.
    Y aunque nunca te tuvo, ahora me parece que le faltas tú.

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